Javier Muñoz

Voy a salir a caminar solito…

EDIT: Han pasado tres años de este post, y delicious ha cambiado de aspecto y de interfaz, pero, básicamente, su funcionamiento sigue siendo el mismo.

Si hay algo en mi vida de lo que voy sobrado, es de ser demasiado perfeccionista. Lo que a veces es una virtud (muy pocas veces), en general es un problema que intento llevar lo mejor que puedo, hasta que me salen llagas en la lengua.

La vida, que está llena de defectos, para todos los que no tenemos aureola en la cabeza ni portamos el anillo de poder.

Donde a menudo se puede notar esta ‘cualidad’ es en lo que me gusta el orden. A rachas. Puedo tener la mesa desordenada cuatro días, dos semanas o incluso un mes, pero cuando se me van acabando los puntos, comienzo a ponerme molesto, nervioso e incluso impertinente. La solución: poner orden a todo lo que está desordenado.

Comienzo por los innumerables folios con sólo una frase apuntada que seguro habrá sobre la mesa. La mayoría acaban en la cajonera esa que tengo bajo la mesa, con forma redondeada y una bolsa de basura intercambiable dentro.

A continuación, le llega el turno a los post-it’s, los pequeños amigos. Sirven para todo: marcapáginas, para ocultar algo que no debe estar a primera vista, para perderse (función especial y habitual) y, por supuesto, para anotar las cosas importantes. Les suele pasar otro tanto y acaban en el primer cajón de la cajonera, justo encima de los folios.

Según lo inspirado que esté ese día, el ordenador también se puede ver afectado por este ‘instinto’ que tengo: cambio de fondo de escritorio, cambio de tema de gnome o incluso de gestor de escritorio, borrado de archivos y directorios innecesarios del disco duro (ya eran innecesarios al crearse, pero parece que otra de mis cualidades es saber diferenciar dentro de los archivos entre necesarios e innecesarios…) y finalmente llegamos a la parte más complicada de todo el proceso: administrar los marcadores (favoritos para los internet-explorer-hablantes). Puede parecer trivial, pero no os dejéis engañar: después de cuatro meses añadiendo enlaces a discrección, serán lo más parecido a un sudoku en ocho dimensiones. Ya ni cuento la epopeya de que utilices más de un equipo o más de un navegador o sistema operativo e intentes, al mismo tiempo que los ordenas, sincronizarlos todos. Si has sido medianamente previsor, a lo mejor los has ido metiendo en subcarpetas, pero de lo contario, como era mi caso, toca sufrir.

Y digo ‘era’ porque hace poco más de un mes comencé a utilizar una de esas pequeñas cosas que simplifican la vida: delicious. Un nombre sugerente para algo tan sencillo como una aplicación web que se encarga de guardar y administrar los marcadores por ti.

Los más frikis me dirán que es algo que existía desde hace tiempo (acaba de cumplir tres años), pero no por ello deja de ser interesante y útil, aunque sólo uses un equipo y un navegador.

Esta es la página de inicio de delicious:

delicious

Como podéis ver, aparecen los últimos links que se han añadido. Para darnos de alta, sólo hay que hacer click sobre la parte superior derecha, en ‘register’, bajo el formulario de búsqueda y en la siguiente pantalla introducir un nombre de usuario (username), una contraseña (password) y copiar el texto de la imagen al recuadro inferior:

Formulario de registro en delicious

Es sumamente sencillo. Ni siquiera hace falta dar una dirección de correo (es opcional). Una vez hecho esto, siguiendo los pasos y haciendo login, llegamos a nuestra ventana de usuario:

mi_delicious

Desde aquí controlamos todos los enlaces que hemos añadido. Pinchando en ‘settings’, en la parte superior derecha, podemos acceder a nuestras opciones, que son varias. Podemos importar los favoritos que ya tengamos almacenados en los distintos navegadores con tan sólo subir un archivo.

Además, desde firefox se puede usar una extensión que se encarga de enlazar las páginas directamente a delicious, con tan sólo pulsar:

Botones en firefox
Pinchando sobre ‘TAG’ se añade la url actual y se pueden añadir varias categorías e incluso una descripción del enlace:

Añadiendo enlaces a delicious
Como véis es bien sencillo y útil de usar. Existen otras extensiones que te permiten administrar tus marcadores remotos e incluso sincronizarlos a diario. La única pega que de momento le encuentro es que no está en spanish, pero creo que es lo sufuciente intuitivo como para que los que no conozcan demasiado el idioma de Stallman puedan sacar provecho sin perderse. Yo se lo recomiendo a todo el mundo.

Y por fin, después de tanto esfuerzo, la foto de mi escritorio:
Mi escritorio laboral

Chankaaaa!!!

Mientras llueve a cántaros (bendita lluvia), presento la primera entrada del blog. Espero que esto se vaya llenando de cosas curiosas. De momento empiezo escribiendo yo, pero me gustaría que mis amigos se fueran incorporando y añadiendo ideas, para hacer de este sitio algo plural y mejor.

El pasado sábado salimos un rato a dar una vuelta por Triana, y, como suele pasar, las noches sin planificar son al final las que mejor salen. Comenzamos con una mini-cenita en un local que tení­a bastante encanto, pero que ha ido perdiendo con el tiempo. En origen, posiblemente era una especie de nave industrial, en lo que hace años eran las afueras de Sevilla, en la calle Constancia, aunque hoy en día es un bar de tapas, con dos plantas, siendo la segunda una especie de terraza sobre la primera. Bastante bonito, la verdad. La Carrucha se llama.

El problema vino a la hora de pedir. Lo único que puedo decir es que nos pusieron un par de churrascos de pollo medio crudos y lo que véis en estas fotos:

Sí, es un montadito

El montadito (2)

Sin palabras.

Lo que es evidente es que tardaremos una buena temporada en volver a este sitio.

Después del chasco, nuestros ávidos estómagos buscaban algo más que echarnos a la boca. Pensando pensando, a Mila se le ocurrió que podíamos ir a una tetería cerca de Pages del Corro (no tengo ni idea de la calle) que ya conocía. Perfecto, se puede tomar algo, el té es digestivo y a lo mejor tienen pastitas…

Cogimos nuestros abrigos y rumbo a la tetería que nos pusimos. Hace un tiempo que todo lo intercultural, mezclas étnicas y demás parafernalias producto de la ‘globalización’ están de moda, y Sevilla no iba a ser menos. No diría que son una plaga, pero en poco tiempo las teterí­as se han multiplicado por toda la ciudad. En la misma zona a donde fuimos, yo soy capaz de contar hasta 4, sin separarnos más de 100 metros. Si bien es cierto que ‘Triana is different’ y el ambientillo que se respira por sus callejuelas a andaluz añejo es un marco muy difícil de superar para colocar un local de este tipo.

Pues tras un breve paseíto, llegamos a la puerta. Sobre el marco un cartelito con el nombre: ‘Salam’. Parece sugerente. El aspecto más bien ruinoso. Parece una casa antigua reformada y acomodada para la ocasión. Una doble puerta nos guarda la entrada. Desde fuera no se oye demasiada música, así­ que seguramente se trate de un lugar tranquilo.

Finalmente, entramos y la sorpresa nos esperaba dentro. El local es muy acogedor: luz tenue, música ambiental, sillas y mesitas bajas y blanditas. Además, conseguimos sentarnos en un apartado que hay nada más entrar a mano izquierda, como una habitación separada que estaba genial. Aparece el camarero para tomar nota (todos eran de origen musulman) y de reojo vemos sobre la mesa que hay otra carta con la estrella del local: la cachimba.

Shisha

Prácticamente en todas las mesas se estaban fumando una, y nosotros no íbamos a ser menos. Después de unos minutos de discusión y votación decidimos finalmente que el sabor elegido era fresa.

La verdad es que es algo sorprendente cómo un artilugio de este tipo pueda generar todo lo que genera. El sabor es una mezcla entre algodón dulce y tabaco muy suave, pero el humo ni mancha ni huele ni molesta.

Es un objeto bastante exótico y bonito. Según he podido encontrar la cachimba tiene distintos nombres. Pipa de agua, narghile, o shisha son algunos de ellos, según la zona en que nos encontremos. Parece ser que tienen su origen en lo que hoy son India y Pakistán y comenzaron a fabricarse con coco. Más tarde se importaron a Persia y allí se fueron transformando y refinando.
Antes del descubrimiento de América se utilizaban para fumar opio o hachís. Después, para poder seguir fumando, la gente se pasó al tabaco como principal alternativa a los efectos ‘perjudiciales’ de las drogas duras. Al principio sólo y más adelante mezclado con distintos sabores, como regaliz, miel, fresa, plátano, etc.

La shisha ha calado muy hondo en la sociedad musulmana en general, y en el resto del planeta. La función social es muy amplia, aunque fundamentalmente son un instrumento para establecer lazos de amistad, como complemento a una conversación interesante o en reuniones familiares.

El funcionamiento es muy peculiar, y es lo que las hace tan particulares. La cachimba tiene cuatro partes principales:

  1. La base, que está normalmente llena de agua
  2. La cazoleta, en la parte superior y donde se pone el tabaco, en forma de pastilla
  3. Un tubo metálico, por el que se conectan base y cazoleta
  4. Y una manguera, que es por donde se fuma, propiamente.

Cuando se aspira por la manguera, la diferencia de presión produce que el aire pase a través de la cazoleta, sobre la que se coloca la pastilla de tabaco y que se aviva con el mismo aire, y vaya a parar a la base, donde entra en contacto con el agua, filtrándose y limpiándose de impurezas. El tabaco no llega a quemarse, sino que sólo se calienta, produciendo el humo característico de las fumadas, que suelen durar sobre una hora.

Fumar shisha es algo muy suave, que no se parece en nada a fumarse un pitillo.

Podéis encontrar más información en www.clubshisha.net
Seguro que repetiremos, porque la noche resultó muy agradable.