
Si hay un día por encima de todos los de la semana que odio especialmente, ese es el domingo. Me suelo levantar cansado físicamente, da igual la hora a la que me acueste. Por las noches, me cuesta trabajo quedarme dormido, por lo que el lunes voy arrastrando un poco del día anterior.
Pero, sin duda, lo peor es que mi mente se viene abajo. Me siento triste, abatido, perdido, desmotivado y afloran en mí todos mis miedos, dudas existenciales y más cuestion desgarradoras.
A pesar de todo, tienen su lado positivo, y es que todo ello me hace no perder contacto con la realidad, me ayudan a no mirar para otro lado en asuntos que puedan afectarme en lo emocional y, llevado de una forma más o menos adecuada, puede ser un punto de retiro íntimo.
No obstante, no puedo dejar de odiarlos….
¿Y si no existieran los domingos?
Menuda contradicción.

9:25 on Junio 1st, 2009
Eso se llama Síndrome del domingo …
Y si no existiera el domingo … odiarías el sábado. Recuerda que para que alguien sea guapo, debe de existir al menos un feo con el que comparar.
9:42 on Junio 1st, 2009
Ya había pensado en que si no hubiera domingos odiaría los sábados, y probablemente sea cierto.
En cualquier caso, no es que me moleste volver el lunes al trabajo, es más bien que el domingo rompe mi semana.
9:43 on Junio 1st, 2009
Eso mismo; si no existiera el domingo por la tarde, estaría el sábado por la tarde, que no te va a fallar.
Comparto el odio, por cierto. Pero odiaba los domingos porque el lunes tenía que ir al cole e irme del pueblo
(cómo cambian las cosas…)
9:47 on Junio 1st, 2009
Con lo bien que se está en el pueblo…