
Conozco a pocas personas con un afán y perseverancia mayores que mi amigo Juan. En parte, su insistencia sobre cualquier cosa le ha llevado a donde está hoy en día. Está claro que dicha constancia es una virtud.
Personalmente, creo que la constancia proviene, por un lado, de las cualidades innatas de cada persona, pero también en cierta medida puede cultivarse, y no deja de ser una cuestión de actitud y educación. Los que no somos como Juan, normalmente seguimos un ciclo a la hora de concentrarnos en algún tipo de acción o afición.
Cuando comienzas con una actividad, sufrimos una euforia inicial, que perdura durante algunos días. En torno al final de la primera semana, la euforia comienza a decaer, y comienza la etapa de ajuste a la situación. La tercera semana, contando con que lleguemos a ella, es la semana de reafirmación. Una vez que terminan las tres semanas, si seguimos adelante, el ciclo vuelve a repetirse. Si no, la actividad pasará a mejor vida.
Naturalmente, hablo de este ciclo desde el punto de vista personal. Ese es mi propio ciclo de producción. Por ello, trato siempre que los proyectos no duren más allá de tres semanas. Si tengo previsto que vayan a durar más, intento dividirlos. A su vez quedarán subdividos en acciones.
Lo que he comentado, está enfocado principalmente al trabajo, pero para las aficiones ocurre exactamente lo mismo. Intentad hacer la prueba.
Buscaros un hobbie y si os dura más de 3 semanas, podéis empezar a considerar que realmente es un hobbie que va con vosotros. No todos los hobbies valen para todo el mundo.
En mi caso, la mayor parte de mis aficiones corresponden a aspectos informáticos, aunque también alguno que otro diferente. Entre los que han cuajado, el running es uno de los más presentes. Otro de ellos es mi bonsai, que cuido lo mejor que puedo.







