Esta tarde, cuando he llegado de trabajar, he salido a correr un poco. Según el plan que más o menos sigo, hoy me tocaba la sesión número doce, de un total de treinta. Estoy muy cerca del ecuador de mi plan para empezar a ponerme en forma.
No obstante, en los últimos días de la semana pasada me encontraba lo suficientemente bien como para acometer el reto de correr veinte minutos hoy, y con esa idea salí.
Al principio, nada más salir, un poco de dolor abdominal. Empezaba mal la cosa. Si desde el primer minuto me dolía algo, el resto iba a sufrir mucho. Empezaron a pasar los minutos, y a los 7 minutos más o menos, empiezo a notar un leve pinchazo de flato en el costado derecho. La situación se pone aún peor. Para colmo de males, sobre los 8 minutos, el camino por el que salgo cambia de dirección y comienza a darme el viento de frente. Otro castigo más. Si a todo eso sumamos un calor que por momentos era bastante importante, pues tenemos el cocktail perfecto para que la tarde no se pareciera en nada a lo que me había imaginado.

A los 10 minutos no he podido seguir avanzando y he tenido que resignarme y parar. Otro día el plan saldrá mejor. El resto de la ruta lo he completado con 3 minutos andando + 4 de trote flojo + 5 minutos andando + 3 minutos de trote aún más flojo. En total, unos 17 minuttos de carrera, que, si bien no está nada mal, no era lo que hoy iba buscando.
Entre las posibles causas, quizá el calor es lo que más que me ha afectado. Es posible también que la falta de líquido me haya pasado factura. Aunque me he bebido un vaso de agua minutos antes de salir, el resto de la tarde no he probado nada de líquido, y a ratos he sentido que necesitaba algo de suministro.
En cualquier caso, como dice el gran Calamaro: ‘…una lección que la vida me dio, otra vez…’. Algo de lo que aprender y sobre lo que mejorar. El próximo día seguro que saldrá mejor.